Conoce al mexicano creador del primer corazón artificial y 10 dispositivos más

Para el investigador de la UAM Iztapalapa Emilio Sacristán Rock todos los proyectos que emprende “son de vida o muerte”.

No sólo porque diseña dispositivos médicos que atienden las principales causas de mortalidad de los mexicanos, como las enfermedades cardiovasculares, sino porque se ha atrevido a arriesgar todo para lograr que sus inventos lleguen a los pacientes.

“A mí me importa que mis inventos sean de alto impacto social, económico, tecnología que valga la pena, es decir, que cambie la forma de tratar a los pacientes, que pueda salvar la vida de alguien”

El creador del primer corazón artificial mexicano, de un dispositivo para detener hemorragias posparto y de otros 10 aparatos por los que ha obtenido 23 patentes, se convirtió este año en el primer ingeniero biomédico en ganar el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el campo de Tecnología, Innovación y Diseño.

“Es una gran satisfacción recibir este premio porque fue mi propia institución la que me postuló y a uno siempre lo hace sentir bien que lo quieran en casa”, afirma.

Sacristán Rock indicó que todos sus inventos médicos los ha realizado guiado por médicos especialistas que le señalan una necesidad de salud a resolver.

“La clave es entender el problema, escuchar al médico, entender cómo hace su trabajo y buscar la mejor solución para diseñarle una herramienta que realmente lo ayude”, explica.

Otro de sus logros, menciona, es conseguir que un invento no quede sólo en el papel de un cajón.

Para ese fin ha impulsado la vinculación universidad-empresa, y aunque todavía algunos académicos e instituciones lo ven mal, es el mejor método para conseguir mayor presupuesto, sostiene.

“Con el corazón artificial se invirtieron al menos 10 millones de dólares. No hay programa Conacyt que te dé ese dinero; pero, sin investigación básica, que esa sí la financia Conacyt, nunca hubieras podido llegar a ese nivel.

“Se requiere de ambas para crear algo innovador”, añade.

A decir del doctor en ingeniería biomédica por el Worcester Polytechnic Institute de Estados Unidos, lo importante es crear mecanismos para asegurar que no se abuse de esos recursos y encontrar el punto medio en el que los intereses de academia y empresa son compatibles.

Para el investigador, patentar y encontrar soluciones tangibles a los problemas del País tendría que ser el objetivo de un académico que trabaja con recursos públicos, así como otra forma de rendir cuentas, más allá de los informes técnicos.

“Se cree que el investigador patenta porque quiere hacerse rico, pero sin patente no hay inversión ni desarrollo. Y la universidad pública debería tener como prioridad crear impacto social, desarrollo económico y ayudar a la creación de empleo”, sostiene.

Amante de los libros de los Nobeles Gabriel García Márquez y del físico Richard Feynman, el científico reconoce que, para que algunos de sus inventos sean una realidad, debió exponerse.

“Para lograr lo que he logrado, muchas veces me he tenido que jugar, ante los obstáculos, mi posición como profesor, mi patrimonio personal, la estabilidad de mi familia; pero a veces se requiere para salir adelante.

“La perseverancia es necesaria; arriesgar, también. Es de vida o muerte”, sentencia.

 

Vía Agencia Reforma

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